Por Arturo Gutiérrez
CDMX, 24 marzo 2026.- El ascenso de Jorge Medina Sandín a la Tesorería del Congreso de la Ciudad de México no solo evidenció el control de Morena, sino también una fractura política abierta: la bancada del Partido Acción Nacional decidió no acompañar la votación y le dio la espalda al nombramiento.
Impulsado por la Junta de Coordinación Política, el nombramiento fue aprobado con 37 votos en el Pleno, suficientes para cumplir con la mayoría calificada, pero lejos de construir legitimidad política.
Medina Sandín, cercano a Xóchitl Bravo Espinosa y Carlos Hernández Mirón, ha construido su carrera en la operación territorial desde Tlalpan, lejos de los reflectores pero cerca de las estructuras de poder.
Su paso más reciente como director general de pagos del Congreso ya lo colocaba en una posición clave dentro del flujo financiero legislativo. Ahora, como tesorero, concentrará funciones aún más delicadas: dirigir, supervisar, administrar y controlar los recursos del órgano legislativo.
Aunque el acuerdo aprobado asegura que se evaluó su formación, experiencia y cumplimiento de requisitos legales —como lo establece la Ley Orgánica y el Reglamento del Congreso—, el trasfondo político pesa más que el técnico.
La ausencia del PAN en la votación no es menor: refleja el nivel de desconfianza frente a un perfil identificado como operador político, no como técnico financiero independiente. Para la oposición, el mensaje es claro: Morena se quedó con la caja… sin contrapesos.
En un contexto donde la austeridad y la transparencia son banderas oficiales, la llegada de Medina Sandín pone a prueba el discurso. Porque cuando el dinero público queda en manos de operadores políticos, la confianza no se decreta… se pierde.






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