Álvaro Obregón: la violencia le arrebata la calle a Casarín
Por HHR
CDMX, 21 junio 2026.- En Álvaro Obregón, los disparos dejaron de ser una excepción para convertirse en parte del paisaje sonoro de la alcaldía.
La madrugada del sábado, cuatro personas fueron asesinadas en el Pueblo de San Bartolo Ameyalco y una más resultó herida. Horas después, otro hecho violento en Avenida Chicago dejó varios lesionados. Dos episodios en un mismo día que exhiben una realidad imposible de maquillar: la violencia armada avanza mientras el gobierno del alcalde Javier López Casarín parece rebasado.
Las cifras oficiales podrán presumir reducciones en determinados delitos, pero la percepción de los vecinos cuenta otra historia. Chats vecinales, grupos comunitarios y redes sociales se han convertido en una bitácora cotidiana de detonaciones, balaceras y movilizaciones policiacas en colonias como Olivar del Conde, Jalalpa, Torres de Potrero, Santa Fe y las inmediaciones de Centenario y Alta Tensión.
Cuando la ciudadanía comienza a normalizar el sonido de las armas de fuego, el problema ya dejó de ser estadístico para convertirse en una crisis de gobernabilidad.
Los datos de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del INEGI son una señal de alarma que las autoridades no pueden ignorar: alrededor de cuatro de cada diez habitantes de Álvaro Obregón aseguran haber escuchado o presenciado disparos frecuentes cerca de sus hogares.
La pregunta es inevitable: ¿dónde está la estrategia de seguridad de la alcaldía?
Porque gobernar no consiste únicamente en encabezar eventos públicos, anunciar proyectos urbanos o multiplicar la presencia en redes sociales. La principal exigencia ciudadana sigue siendo la misma: garantizar que las familias puedan salir de casa y regresar con tranquilidad.
Hoy, en Álvaro Obregón, esa tranquilidad está en entredicho.
Javier López Casarín enfrenta su primera gran prueba de gobierno y los resultados son preocupantes. La percepción de inseguridad crece, la violencia armada se expande y los vecinos sienten que las autoridades reaccionan tarde, cuando el daño ya está hecho.
Nadie pide milagros ni soluciones instantáneas. Lo mínimo exigible es una coordinación efectiva con la Secretaría de Seguridad Ciudadana, mayor presencia policial en las zonas de riesgo, inteligencia operativa y una respuesta contundente contra los grupos generadores de violencia.
Porque cuando los habitantes comienzan a acostumbrarse a escuchar disparos por la noche, el silencio de las autoridades se convierte en una forma de omisión.
Álvaro Obregón no puede acostumbrarse a vivir entre balas. Y Javier López Casarín tampoco puede permitirse gobernar como si nada estuviera pasando.







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