Por Dana Rodríguez
CDMX, 12 abril 2026.- Morena entró en modo crisis después del escándalo por los destrozos en el Congreso CDMX y lanzó una defensa desesperada para blindar políticamente a sus aliados, luego de que las declaraciones de Jesús Sesma desataran incomodidad dentro de la coalición oficialista.
El mensaje del vocero morenista Paulo García no fue una explicación: fue un intento de maquillar una crisis que golpea directamente la credibilidad del partido gobernante. Al insistir en que “sí hubo diálogo” con la organización que protagonizó los actos violentos, Morena admite implícitamente que conocía el conflicto, lo siguió de cerca y aun así fue incapaz de evitar que escalara hasta el vandalismo.
La narrativa oficial es demoledora para ellos mismos: reconocen reuniones desde enero, encuentros con dependencias, mesas con INVI, Finanzas y Vivienda, y hasta una mesa técnica el mismo día de los disturbios. Pese a todo eso, los manifestantes llegaron al Congreso, intentaron irrumpir por la fuerza y causaron daños al inmueble.
El intento por justificar el contexto sólo agrava el golpe político: Morena no puede presumir diálogo como éxito cuando el resultado fue violencia dentro del Poder Legislativo. La defensa de Paulo García suena más a control de daños que a rendición de cuentas.
Además, el trasfondo revela una fractura política cada vez más visible. Las declaraciones de Jesús Sesma, alejadas del libreto de Morena, obligaron a la bancada guinda a intervenir para recomponer el relato y evitar que el choque con el Partido Verde escalara públicamente.
Lo ocurrido en Donceles no fue un incidente aislado: fue la evidencia de un gobierno rebasado, una mayoría legislativa descoordinada y un Morena más preocupado por salvar su imagen que por asumir responsabilidades ante una crisis que ellos mismos no supieron contener.





Discussion about this post